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La fatiga de los tripulantes de vuelo y TCPs es uno de los principales factores desencadenantes de los accidentes, por lo que es necesario limitar la duración máxima de sus periodos de vuelo y la mínima de sus descansos, como medida de prevención.

  • Las tripulaciones aéreas, se ven expuestas a un sistema de trabajos por turnos que abarca 24 horas al día y 365 días al año. Esta situación supone la realización de extensos, complejos y cambiantes turnos de trabajo.
  • A la anterior circunstancia se unen las propias características del transporte aéreo que puede realizar vuelos con duraciones continuas superiores a las 16 horas, cruzando zonas horarias y hemisferios con cambios de estaciones, aparece el denominado “Jet Lag” o alteración normal del sueño de los viajeros y tripulantes.
  • Todas estas circunstancias hacen que la “fatiga”, producida por la falta de sueño y la alteración de los ritmos biológicos, sea una condición permanente en la aviación que necesita ser controlada para prevenir sus consecuencias en los tripulantes.
  • La fatiga deteriora la alerta del tripulante y su capacidad de respuesta.

Tal es la importancia de este asunto, que la OACI establece en sus Normas y Recomendaciones el establecimiento por los operadores aéreos y estados contratantes, de una normativa específica para prevenir y controlar la fatiga. De esa normativa se encarga en Europa EASA (Agencia Europea de Seguridad Aérea).