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Entre los principios fundamentales del desarrollo ordenado y seguro del tráfico aéreo, está el diseño de las aerovías o rutas aéreas, de forma que su configuración permita la máxima flexibilidad y agilidad en la operación de las aeronaves.

El espacio aéreo es compartido por usuarios civiles y militares para una gran variedad de misiones y necesidades.

Al ser un recurso limitado, la gestión que se hace de él es fundamental para permitir la máxima flexibilidad y agilidad del tráfico aéreo, a medida que se incrementa el número de operaciones aéreas.

Para facilitar su gestión, la OACI ha dividido el espacio aéreo mundial en nueve grandes Regiones,una de las cuales es la denominada "Europea" o EUR. Esta configuración está, a su vez, subdividida en "Regiones de Información de Vuelo" o FIR.

La definición de distintos espacios aéreos permite atribuir la responsabilidad de proveer servicios de tránsito aéreo a distintos Estados y organizaciones, de manera eficiente y ordenada.

Las FIR se prolongan desde la superficie de la tierra o del agua hasta 24.500 pies. Con la aparición de los aviones de reacción que operan a una altura muy elevada, las FIR se ampliaron con la Región Superior de Información de Vuelo (UIR), que no tiene límite vertical definido, aunque sólo se ofrece servicio de control de tráfico aéreo hasta los 46.000 pies, algo más de 15 kilómetros de altitud, el techo máximo de las aeronaves actuales.

Las Regiones de Información de Vuelo se dividen a su vez en dos categorías: espacio aéreo controlado y espacio aéreo no controlado. Para el piloto la diferencia principal es la diferente topología y alcance de servicios de transito aéreo que se le proporcionan y, por tanto, de la distribución de responsabilidades entre el del propio piloto y los servicios de transito aéreo. Dicho de otra forma, en el primer caso el controlador de la circulación aérea es responsable de asegurar la separación de las aeronaves, mientras que en el segundo, facilita información al piloto acerca de las aeronaves presentes en la zona de las que tiene conocimiento, correspondiendo al piloto la responsabilidad de separarse de ellas y de los obstáculos terrestres.


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